Indígenas en Guayaquil: una señal de identidad (Primera parte)

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Indígenas en Guayaquil - Noticias de Ecuador

La presencia indígena en Guayaquil es una realidad indiscutible. Por ello creemos importante analizar este fenómeno, para lo que hemos dividido nuestra exposición en dos partes. La primera enfocará los antecedentes de ese acontecimiento, y, la segunda, se referirá a la consolidación de esa presencia en el paisaje porteño.

Desde fines del siglo XIX, en que se da un significativo proceso de desarrollo económico de la Costa, y Guayaquil se convierte en el centro de la actividad agroexportadora de cacao, fluyen corrientes migratorias serranas. Este fenómeno se incrementó en los años 50 del siglo XX como consecuencia del boom bananero. Desde entonces, la población de la Costa aumenta en contraposición a la de la Sierra. Los pequeños centros poblados del área bananera se convierten en núcleos humanos con muchos habitantes. Los casos de Quevedo, Santo Domingo y Machala, sumados al de Guayaquil, expresarán esta nueva dinámica que se mantendrá, de modo permanente, desde entonces hasta la actualidad, pese a los importantes intentos de 1963 y 1972 por transformar la estructura de la tenencia de la tierra.

La aplicación de las respectivas Leyes de Reforma Agraria, a pesar de producir algunos cambios en el sistema de la hacienda tradicional serrana, resultaron al final factores que contribuyeron a un debilitamiento productivo y a crisis agrícolas reiteradas. Por ello, si bien se mantuvo un flujo temporal de movilidad de la población serrana a las zonas azucareras, el traslado se convirtió en una tendencia cuyo pico se agudizó a partir del primer quinquenio de la década de los ochenta.

Procedentes de la provincia del Chimborazo, principalmente, y del sector que va de Guamote hacia el norte, hasta los alrededores de Riobamba, pasando por Colta, Cicalpa y Cajabamba, estos contingentes de origen indígena, forzados por el hecho de que la actividad agrícola había dejado de ser una alternativa de subsistencia, se trasladarán a la Costa, ubicándose de modo preferente en Guayaquil, su área de influencia y Machala.

Para que esto ocurra, a la disminución de la producción agrícola y al decaimiento de ese sistema en las provincias de la Sierra central, se unió el efecto de un gran estímulo sociopolítico: el nacimiento de una organización que se constituyó, luego de corto tiempo, en dínamo para consolidar la representatividad de un amplio conglomerado indígena. Este núcleo inicial fue el ECUARUNARI, cuyo surgimiento, en junio de 1972, marcó la terminación de la dependencia de esas comunidades respecto a los partidos Comunista del Ecuador (PCE, de tendencia soviética), Socialista y Partido Comunista Marxista Leninista (de tendencia pro-China). Estas organizaciones políticas de izquierda jugaron en su momento un importante papel para canalizar demandas de la mano de obra indígena explotada por los terratenientes serranos. En efecto, tanto en la situación que se desencadenó a consecuencia de la Ley de Reforma Agraria y Colonización en época de la dictadura militar presidida por Ramón Castro Jijón, a inicios de los 60, como en la que surgió por la Ley de Reforma Agraria en el régimen castrense dirigido por Guillermo Rodríguez Lara, en la primera mitad de la década de los 70, el Partido Comunista del Ecuador y el Partido Comunista Marxista Leninista, promovieron movilizaciones indígenas y ocupación de haciendas en el centro y norte de la provincia del Chimborazo. Hay que destacar que uno de los líderes indígenas de esa provincia, Miguel Lechón, originario de la zona de Columbe, llegó a ocupar un puesto en el Comité Central del Partido Comunista del Ecuador.

La presencia del ECUARUNARI obedeció, entre otros factores, al incansable trabajo del obispo de Riobamba, monseñor Leónidas Proaño. Gracias a su aporte se logró reunir a jóvenes indígenas de las provincias de Chimborazo y Tungurahua en una primera experiencia en la hacienda Tepeyac, y luego su trabajo se consolidó mediante una continua tarea de capacitación en el centro religioso Santa Cruz, a pocos kilómetros de Riobamba. A partir de ahí se sentaron las bases de lo que será después una presencia autónoma del movimiento indígena, con prescindencia de los partidos de izquierda y con efectos continuos en el escenario político nacional. Del ECUARUNARI se avanza a la CONAIE, a fines de los 80, y desde ahí se desarrolla una lucha frontal por el mejoramiento de las condiciones de vida de la población indígena de las distintas regiones del país.

Escrito por: Dr. José Luis Ortiz