El color del cristal

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“Todo es según el color del cristal con que se mira”. Así reza un antiguo refrán, cuya moraleja, nos refleja la verdad inobjetable de que, no todos vemos las cosas de la misma manera y, eso es algo absolutamente normal.

El paso de los años nos permite establecer que, no siempre, la normalidad de las cosas es la que se impone para enfrentar determinadas situaciones, mucho más, cuando estas situaciones circunstanciales afectan a la generalidad de las personas.

En torno a las enfermedades, lo normal es que, cada persona se aplique en una estrategia terapéutica adecuada que, no siempre es similar para todos, porque no todos los organismos son iguales, ni parecidos en sus capacidades de respuesta ante el ataque de virus, bacterias o cualquier patógeno.

Los seres humanos que somos protagonistas en el escenario de la vida actual, hemos tenido la suerte o la desgracia; el privilegio o la condena; de enfrentar una situación tan sui géneris, como la determinada por la pandemia de coronavirus, así declarada por la Organización Mundial de la Salud desde marzo del 2020; y así, evidenciada por el azote contra la vida que se ha podido observar en casi todo el mundo.

La normalidad de la vida se ha visto trastornada en todo el orbe, porque esa normalidad, con el desarrollo tecnológico actual, permite establecer la globalización de lo bueno y de lo malo.

El mundo entero se ha visto paralizado, diezmado, confinado, quebrado, tensionado, deprimido, hasta el punto de aceptar una nueva normalidad que no se compadece con las características sustanciales del ser humano.

En todo lo manifestado, hasta esta parte y hasta este momento, no se encuentra un causante o responsable, muy a pesar de las distintas especulaciones acerca del virus y su origen.

Lo preocupante y lamentable es que, la visión de la pandemia, sus características y consecuencias; la gravedad y la conducta ciudadana; las estrategias y medidas para la preservación de la vida, no tengan uniformidad y, se aplique con extremada ligereza aquello de que “todo es según el color del cristal con que se mira”.

El mensaje de “QUÉDATE EN CASA” ha sido ampliamente difundido, pero medianamente acatado, por lo que, las consecuencias se han hecho claramente palpables.

Debemos quedarnos en casa, pero hay más de 200 centros educativos que buscan regresar, con planes piloto, a las clases presenciales.

Debemos quedarnos en casa, pero 13 millones de personas, un poco más, un poco menos, nos movilizaremos a los recintos electorales en febrero del presente año.

Debemos respetar el distanciamiento social, con dos metros de separación, por lo menos, entre persona y persona, pero mucha gente viaja diariamente en unidades atestadas de usuarios.

A pesar de los diferentes colores del cristal con que miremos; más allá de los tres colores del semáforo epidemiológico; es el color negro de la muerte el que se impondrá, si continuamos con tantas disimilitudes en la observación de la pandemia, sin que eso signifique, que olvidamos el color blanco de la unión para vencer al virus y alcanzar la paz y el bienestar.