Indígenas en Guayaquil: Una señal de identidad (Segunda Parte)

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Indígenas en Guayaquil - Noticias de Ecuador

La década de los 80 es el espacio histórico en que se fortalecen las organizaciones indígenas y empiezan a operar de manera autónoma y ya no bajo la dependencia de los partidos de izquierda. A ello, como lo dijimos en nuestra entrega anterior, contribuyó el decidido y sacrificado trabajo emprendido por el obispo de Riobamba, Monseñor Leónidas Proaño. Su concurso, al que se sumó un importante grupo de sacerdotes de Chimborazo y otras provincias del país, hizo que la población indígena se desprendiera de la dependencia respecto de los partidos de la izquierda marxista del Ecuador.

El resultado de la labor de monseñor Proaño se hizo sentir en otras latitudes. Aquí, en Guayaquil, por ejemplo, fue muy importante su influencia en la actividad religiosa y social llevada a cabo por el padre José Gómez Izquierdo. Este, y su equipo de apoyo formado con jóvenes animados por la denominada Iglesia Alternativa, llevaron adelante una importante labor de difusión del contenido popular y solidario de la nueva tendencia eclesiástica a algunos barrios de la ciudad, principalmente a los ubicados al lado de la Ciudadela Ferroviaria, y, de manera preferencial en el barrio de San Pedro. Hubo también una muy interesante actividad en la línea de capacitación y difusión del pensamiento religioso liberador de la Nueva Iglesia Latinoamericana, cuando varios sacerdotes jóvenes de Guayaquil, junto a militantes de la izquierda no vinculados a los partidos de esa tendencia, constituyeron una entidad denominada “Acción Educativa Popular”, que desarrolló un sostenido proceso de educación y organización, mediante seminarios en los que participaron sacerdotes de la diócesis de Riobamba y de un sector de la Iglesia guayaquileña, jóvenes campesinos procedentes de las provincias del centro del país y también jóvenes indígenas avecindados ya en el Puerto. Este es un acontecimiento que merece un relato y una interpretación específica que abordaremos en una próxima oportunidad.

Volviendo a la línea de interpretación del fenómeno del desarrollo autónomo de la organización indígena en Ecuador, señalemos que, a pesar de ello, sin embargo, el fortalecimiento de ese importante sector social tuvo, como contrapartida, el debilitamiento de la base económica de la comunidad indígena y la imparable agudización de la crisis agrícola, debido, sobre todo, a una insuficiente política de reforma agraria que no acometió una estrategia integral de desarrollo, ni acompañó a la instauración de esa normativa novedosa con medidas orientadas al incremento del capital productivo, al desarrollo tecnológico y a la creación de sistemas operativos de producción y comercialización.

La expulsión de mano de obra, lógica consecuencia de este fenómeno, se expresará en la llegada de miles de indígenas a Guayaquil y a la Costa de los ochenta en adelante, y a la conversión de un acontecimiento migratorio de carácter temporal a un hecho tendencialmente definitivo y sostenido.

Los indígenas que arriban a Guayaquil en este “oleaje” se dedicarán, inicialmente, y en forma masiva, a la comercialización de víveres en general, a actividades en el área de la construcción, a trabajar en tareas de carga y estiba, asentándose, de modo progresivo, primero en el centro tugurizado de la ciudad (perímetro aledaño al mercado central y a la Pedro Pablo Gómez), y luego en las zonas de poblamiento por invasión. Posteriormente, y de modo progresivo, incursionarán en otras actividades de notoria rentabilidad y se consolidarán como un núcleo de dinámica y esforzada perseverancia.

Hoy por hoy, en el paisaje cotidiano del Puerto, esta presencia es un dato. Una ciudad que hierve de gente requiere de un enorme sistema de distribución de bienes para subsistir. En este, la población indígena pasa a jugar un papel crucial y se convierte en un sector que llega al 80% de quienes integran las redes de comercialización citadina. Ellos están en toda la trama de abastos municipales, compuesta por más de 40 mercados, distribuidos en todas las áreas de la urbe, Son propietarios, por lo menos, del 70% de las tiendas que funcionan en todos los barrios, Están en la actividad de comercialización de prendas de vestir, zapatos, electrodomésticos, etc. Basta un recorrido por “La Bahía”, un espacio de al menos 30 manzanas, para observar que la mayoría de los negocios están en manos de indígenas. En los puestos de distribución de diversas mercaderías se ve a mujeres ataviadas con faldas largas que hablan en quichua con su pareja para decidir el precio del producto demandado; y, más allá, en los pasadizos, a indígenas que cargan en la espalda a su pequeño y se dan modos para vender sus platos a los viandantes. También están en Durán, en la feria de vehículos, demostrando en cada transacción la destreza que solo se aprende en la vida y se la perfecciona en la necesidad de subsistir.

Los datos proporcionados por las entidades especializadas en calcular el porcentaje de minorías afincadas en Guayaquil, se quedan cortos cuando se refieren a la población indígena. Se hace, por consiguiente, imprescindible el estudio antropológico y la interpretación social de este fenómeno que forma parte de nuestra identidad.

Se trata de una larga historia que la desarrollaremos próximamente. Ahí hablaremos del trabajo de organización que ha desarrollado la población indígena procedente de la Sierra en Guayaquil.

Escrito por: Dr. José Luis Ortiz