Octubre, es de Guayaquil

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Octubre es un mes emblemático y de gran trascendencia histórica para Guayaquil. La imagen de Olmedo y de muchos aguerridos próceres como Villamil, Febres Cordero, Urdaneta, Letamendi, para nombrar a algunos, cobra relevancia en nuestra riqueza histórica y se consolida como la expresión más significativa de la identidad porteña. El 9 de octubre de 1820 fue un hito de rebeldía militante y de manifestación patriótica efectiva en contra de la dominación española. De la energía de los hijos de esta tierra surgieron las brigadas que apoyaron la liberación de Cuenca el 3 de noviembre y combatieron en Huachi y en Pichincha para sellar la liberación y la independencia de esta parte de América Latina.
Esta predisposición independentista de Guayaquil es un momento culminante de la respuesta de sus hijos a los retos que debió afrontar la ciudad para sobrevivir y que tienen antiguos antecedentes. Guayaquil fue, en sus inicios, un punto de avanzada militar española, un incipiente asentamiento que perseguía encontrar rutas que facilitaran la relación de intercambio entre las fuerzas conquistadoras que operaban en estas latitudes y las que se desplazaban hacia el norte y hacia el sur. Posteriormente, y dadas las condiciones geográficas, la facilidad de la movilización fluvial y la cercanía con el mar, Guayaquil pasa a convertirse en un astillero que va de menos a más hasta ser el de mayor importancia en la costa del Pacífico. Esas condiciones naturales que bendicen al pequeño centro poblacional de entonces, y a su zona aledaña, hacen que se convierta, de manera lenta pero sostenida, en un atractivo lugar para el desarrollo de actividades productivas y de comercio. Uno de los acontecimientos que impulsará el proceso de crecimiento poblacional de Guayaquil será la explotación del cacao, primero a través de su recolección y luego mediante la siembra y la ampliación de su frontera productiva. El resultado de esta dinámica actividad mediante la cual se establece la relación entre lo que será el Ecuador y el mundo, será la implantación de una economía volcada al mercado internacional y con múltiples repercusiones en nuestro escenario interno. Uno de sus mayores efectos constituirá el traslado a esta zona de amplias masas poblacionales procedentes de la Sierra, en donde la mano de obra era tremendamente explotada por la inexistencia del salario y las condiciones semiserviles en que se desempeñaba. Contingentes de esa región llegarán al puerto y a su entorno en busca de trabajo. Lo mismo harán los manabitas acosados por las reincidentes sequías y los esmeraldeños afectados por la permanente desocupación. Así, Guayaquil se irá convirtiendo en un núcleo económico de mucha atracción y de importancia, en momentos en que el capital comercial europeo ampliaba su presencia y creaba las condiciones de acumulación de riqueza para dar paso al surgimiento de la industrialización. Inglaterra, la potencia que lideraba ese proceso, se consolidará como el eje de este nuevo sistema a partir precisamente de su dominio de los mares y de sus nexos de intercambio con las zonas periférica de otros continentes como el nuestro. Los intereses británicos, en consecuencia, jugarán un importante y determinante papel en los procesos independentistas, y tendrán incidencia en el manejo de sus economías y en la formación de estructuras productivas con miras a esos mercados externos. Un hecho que demuestra la incidencia inglesa en la brega de liberación de estos territorios de la dominación española, será la presencia de un batallón argentino al mando del General Lavalle que, costeado totalmente por capitales inglesas, se desempeñará en las gestas independentistas en nuestro territorio. En Riobamba hay una avenida que se denomina “Argentinos” y un monumento a Lavalle.
Esas circunstancias, desde luego, no minimizan el concurso de nuestros compatriotas en la lucha de liberación sino que se combinan con él para establecer sistemas de intercambio y de modernización en cuya dinámica se inscribe precisamente el deseo de avanzar eliminando trabas que amenazaban con condenar a estos territorios como zonas de sobre explotación de mano de obra, de atraso y de desarrollo exclusivamente hacia el interior. Por eso, el 9 de octubre de 1820, representa la singularidad de un Guayaquil que, desde ese mismo momento, se erigirá en el portador de un futuro de creatividad productiva y económica, de desarrollo a partir de sus propios esfuerzos y de independencia respecto a una institucionalidad que centralizará y concentrará el poder.
En nuestro próximo editorial proseguiremos con la exposición objetiva de la historia de Guayaquil y su importancia como factor determinante del desarrollo económico y de creación del Estado Nacional.