Las incongruencias

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¡Increíble, pero cierto!… ¡Jamás lo pude imaginar!… ¡En estos tiempos, todo se puede esperar!, son las expresiones y, sólo por mencionar unas cuantas, que se han repetido desde que los ecuatorianos empezamos a poner la mirada en las próximas elecciones.

Y es que, de verdad, se han dado las cosas más inverosímiles, pero que, según los más entendidos en materia de política moderna, entran en el plano de lo posible y de lo pragmático, aunque se alejen hasta el infinito, del aspecto moral y ético, que es la condicionante que aún consideramos, sino la mayoría, eso sí, un buen porcentaje de los ciudadanos.

Cosas dadas y respetadas, aun cuando no son aceptadas, tal como lo es el matrimonio gay, son los pactos políticos-electorales, que tienen plena vigencia legal, a pesar de su caducidad moral.

Cosas que, la honestidad, la honradez y, quizás también, la ingenuidad de quienes no estamos padeciendo de una palpitante ambición por el poder político, no podemos concebir como normales, porque chocan en la elevada pared de los principios que nos inculcaron desde muy niños.

Esas cosas, circunstancias o novedades increíbles, se han convertido en tales, porque entran en el terreno sorprendente de las incongruencias.

Y, revisemos muy someramente, porque son las más impactantes las que se han quedado grabadas en la memoria colectiva, sin ninguna explicación clara y, por lo tanto, convincente.

Al principio, y como primera sorpresa; luego de la debacle integral de los diez años de la revolución ciudadana, y, de un gobierno que, aunque oralmente se divorció de su mentor y auspiciante, no pudo cumplir con la aspiración del país, de castigar a los corruptos y recuperar lo perdido por dicha corrupción, el ex Alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, que se perfilaba como la más clara opción para hacer realidad todos esos anhelos populares, declinó su postulación a la presidencia de la república.

Una incoherencia, política, histórica y social que dejó abiertas las puertas a una seguidilla de asombrosas decisiones, como la del expresidente Rafael Correa, de presentarse como candidato a la vicepresidencia, en una clara manifestación de irrespeto a las leyes y a la honra de la nación.

Las incongruencias no han sido escasas en esta etapa especial de nuestra historia, porque, en medio de la pandemia, la ambición y la desvergüenza política no han abandonado su papel protagónico en el escenario nacional.

Entonces, surge rutilante e imperturbable la candidatura del “delfín” del patriarca de la “revolu-corrupción” que, a pesar de no tener ningún antecedente en el campo de la lucha política; a pesar de ser un perfecto desconocido como exfuncionario tecnócrata; a pesar de presentarse con su sonrisa y ademanes especiales; con su voz chiquita y gestos poco convencionales en la imagen de un candidato a la primera magistratura, alcanza a ubicarse entre los más favorecidos por la intención del voto.

Y la última, aunque estas no son todas y, seguramente faltarán muchas más, es la que conmovió el sentir de los ciudadanos y ha transformado el panorama electoral, sin ninguna duda, la postulación in extremis, del Ab. Álvaro Noboa Pontón, con el auspicio de una organización política estigmatizada por la corrupción, como lo es Justicia Social que lidera el Ab. Jimmy Salazar Gaspar, esposo de la Dra. Pamela Martínez, condenada por la justicia ecuatoriana en el caso Sobornos.

Daría la impresión de que, la desesperación por no cumplir con el afán individual de volver a ser candidato para llegar a Carondelet, impulsa al desgastado personaje a errores garrafales que ponen en duda la autenticidad de sus viejos planteamientos.

Así como el candidato de Fuerza Ecuador que, sin importarle la mácula enorme de corrupción de la organización política que lo auspicia, argumenta que su aceptación se dio en base al ofrecimiento que se le formuló, a cambio de nada, lo cual, es muy difícil de creer.

Una incongruencia mayúscula y tan sorprendente como las mencionadas con anterioridad, que dejan al electorado patituerto, patidifuso o patuleco, mucho más de lo que ya estaba, frente a las opciones descalificadas que no generan confianza, ni ilusionan, ni mucho menos abren la esperanza para este país que está conminado a enfrentar la gran tarea de la reactivación y esquivar al gigantesco enemigo de la pandemia que no sabemos cuándo se marchará.