Enrique Álvarez Jara: Revolución y transformación

Las grandes revoluciones que se registran en la historia de la humanidad, no siempre han derivado en las grandes transformaciones sociales que, supuestamente buscaban. Es que hay una clara diferencia entre una revolución y una transformación.

De conformidad con lo que establece el diccionario de la Real Academia de la Lengua, “revolución” equivale a “alzada, sublevación, insurrección, sedición, rebelión”, entre otras acepciones.

Por su parte, el vocablo “transformación” equivale a “cambio”. Si se habla de una transformación social, tienen que evidenciarse los cambios profundos y estructurales en el seno de una sociedad que, desde el punto de vista social, económico, político y moral, ha caído en el plano de la obsolescencia.

La “Toma de la Bastilla” en 1789, fue una revolución, es decir, una rebelión, una insurrección, que dio paso a una verdadera transformación social en todos los órdenes de la sociedad. Por lo tanto, esa revolución terminó en los cambios necesarios para el momento histórico de Francia y el mundo.

La “Revolución Liberal” de 1895, liderada por Eloy Alfaro, también fue una sublevación, una revuelta, que dio paso a cambios profundos en la estructura de la sociedad feudal que se imponía en el Ecuador.

Pero, hay revoluciones que se han quedado en el acto sedicioso, en algarada, en motín y nada más, porque lo único que lograron fue el cambio de manija; y, en circunstancias especiales, con el aval del voto popular.

A nadie le es ajena la imperiosa necesidad que tenemos de una verdadera transformación social, para que la mayoría, si no la totalidad, empuje hacia un mismo propósito. Un cambio económico, en el que con el trabajo de todos, se pueda vivir una economía floreciente. Un cambio político, en el que las diferencias de pensamiento, no nos condenen. Y, por supuesto, una transformación moral para vivir en paz y en armonía.

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