Enrique Álvarez Jara: El Voto Coyuntural

La campaña de la primera vuelta fue, como en su momento lo habíamos dicho, un verdadero baratillo de ofertas que el electorado no alcanzó a procesar con el debido análisis.

Se impusieron las apreciaciones emocionales o pasionales que, de ninguna manera dejaron espacio para encontrar opciones válidas, derivadas de una sesuda evaluación, para saber quién debía ser el escogido.

La pregunta que todos formulaban a sus parientes, amigos o compañeros, se repetía insistentemente en las calles. ¿Por quién vas a votar? Y la respuesta más pronunciada era: “Todavía no sé”.

Esa circunstancia sustentaba el elevado porcentaje de indecisos que las encuestadoras habían establecido hasta una semana antes de las elecciones. La cantidad de indecisos superaba en el Ecuador, a quienes ya de una u otra manera, tenían escogido al candidato.

¡Por este no! porque es la misma canción con diferente cantante; ¡por este otro tampoco! porque no está preparado y el que va a gobernar es su mentor; ¡por el de acá nunca! porque tiene un antecedente nefasto en la economía del país y la pauperización de la mayoría; ¡por fulano no! porque es parte de toda la corrupción; ¡por el novel tampoco! porque tiene el membrete de chimbador; y, así se esgrimían los argumentos negativos para llegar a la conclusión de que ninguno brindaba la confianza suficiente para ser votado.

Los reductos inexpugnables fueron sorpresivamente vulnerados. Los que debían ganar en la costa, terminaron ganando en la sierra y viceversa.

Bastiones históricos como Guayas, Manabí y El Oro arrojaron resultados que jamás entraron en los cálculos de los cacicazgos políticos.

Ahora ya, en campaña para la segunda vuelta, el panorama se presenta aparentemente más despejado, en vista de que son solamente dos, los que corren por la presidencia de la república.

La disyuntiva es clara y evidente, por un lado la derecha capitalista afín al sector financiero; y, por otro lado, la izquierda socialista del siglo XXI. Un enfrentamiento finalista de dos tendencias contradictorias y recalcitrantes, en el que, el triunfo será definido por el voto coyuntural de un electorado lleno de resentimientos y rencores; ávido de reivindicaciones y movido por las obsesiones.

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