Enrique Álvarez Jara: EL SABUESO SIN OLFATO

Los sabuesos son perros domésticos, de olfato muy agudo y por ello muy aptos para la caza. En sentido amplio, el término sabueso podría identificar a un policía acucioso; a un detective sagaz o a una persona que se dedica a la investigación, que le permita descubrir lo oculto con el seguimiento de algunas pistas.

Según los entendidos, para los sabuesos, el olfato es mucho más que un sentido, es un activador de la conducta emocional, que tiene un gran sustento en la memoria. No debemos entender la memoria exclusivamente como la capacidad de recordar acontecimientos pasados, pues su función principal es ejecutar el proceso de almacenar y recuperar información procedente del entorno y la respuesta del propio organismo ante esa información.

La anosmia es una pérdida o reducción significativa del olor, a menudo debido a una alteración del nervio olfativo.

Muchas personas pierden parte de su sentido del olfato o del gusto a medida que envejecen. Pero la falta del sentido del olfato es generalmente causada por una lesión o un problema de salud. Un trauma en la cabeza también puede dañar el sentido del olfato, al igual que algunas enfermedades.

En la sociedad, jurídicamente organizada, el fiscal es el sujeto que actúa como representante del ministerio público en un tribunal. Cabe destacar que el Ministerio Público es una institución estatal que representa los intereses de la comunidad a través de la investigación de delitos y del resguardo de los testigos y las víctimas.

Un fiscal, por lo tanto, es un funcionario que dirige la pesquisa criminal y el desarrollo de las acciones penales de carácter público.

Siendo así, es grave que un representante del Ministerio Público, sin embargo de contar con los indicios, los informes, o las pistas suficientes como para deducir una infracción, haya demostrado una severa anosmia que lo inhabilita para el ejercicio de sus delicadas funciones.

Daría la impresión que la liebre fue más astuta que todos los sustentadores de la meritocracia. Los engañó con una honestidad que se asemeja al oropel.

Vale aclarar que la HONESTIDAD es como el ORO MACIZO. ¡No se transforma ni con el ácido que corroe!

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