Enrique Álvarez Jara: COLCHITA DE BREGUÉ

Era la manta o cobija que cosían las madres en épocas de antaño y que reflejaban el esmero y dedicación amorosa de las mujeres de aquellos días, un tanto lejanos.

La gracia singular de la colchita de bregué era su multicolor aspecto y variada textura, ya que las madres de antes, acostumbradas a una economía doméstica que no permitía el desperdicio de casi nada, tenían el cuidado de guardar todo retazo de tela que sobraba de la confección de camisas, pantalones, bolsos, pijamas y más, para el marido y cada uno de sus tiernos vástagos.

Así mismo, el riesgo permanente de la colchita de bregué era que, como se constituía de decenas de retazos, en la parte donde la costura no había sido lo suficientemente fuerte, comenzaba a abrirse un boquete que terminaba por desgajar a los demás.

Algo muy parecido ha sucedido con el Ecuador en la década descosida.

Un retaceado movimiento revoltoso comenzó a descoserse en la histórica y emblemática loma manabita. Es que era una porción de forajidos; un retazo de resentidos; un retazo de ambiciosos; un pedazo de frustrados; de rojos palidecidos; demócratas confundidos; etc. etc. etc.

Un poco de todo; o, de todo un poco, pero la alianza empezaba a reflejar síntomas de mala costura.

Con el paso de los años, algunos retazos ya no están cosidos a la colchita de bregué. Sólo los retazos más rosados han resistido a los embates del frío y al estricote de la larga noche revoltosa.

Podría decirse que, en algunas partes, la costura no era tal, y que sólo había un “pegadita con baba” que no alcanzó a resistir el tira y jala de la pijamada que pregonaba ser “ahora de todos”.

Queda en claro cuáles son las desventajas de una multicolor colchita de bregué y una cobija fuerte y verdadera. Además, que lo barato y al apuro, sale caro. ¡Muy caro!

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