Enrique Álvarez Jara: CANDIDATURAS, DEMOCRACIA Y DEPRAVACIÓN

Si bien es cierto que, la Constitución y la Ley consignan el derecho igualitario de elegir y ser elegidos, no es menos cierto que, ese derecho político tiene sus regulaciones.

A más de esas regulaciones de orden legal, también deben mediar, esto ya por parte del electorado, las consideraciones de carácter ético y moral, para elegir correctamente.

Ante la presentación de las diferentes listas de candidatos para integrar la Asamblea Nacional, cabe recordar que la Constitución establece en el capítulo quinto los derechos de participación. El Art. 61 dice textualmente: “Las ecuatorianas y ecuatorianos gozan de los siguientes derechos: 1. Elegir y ser elegidos…”

Concomitantemente, el Art. 2 del Código de la Democracia establece: “En el ámbito de esta ley las ecuatorianas y ecuatorianos gozan de los siguientes derechos: 1. Elegir y ser elegidos;…”

Como podemos apreciar, en ambas disposiciones se contempla el derecho de elegir y ser elegido, en relación directa a la existencia de dos sexos (hombre y mujer) para la participación como candidatos.

El Código de la Democracia es mucho más enfático y claro, al disponer en el Art. 99: “Las candidaturas pluripersonales se presentarán en listas completas con candidatos principales y sus respectivos suplentes. Las listas se conformarán paritariamente con secuencia de mujer-hombre u hombre-mujer hasta completar el total de las candidaturas principales y suplentes.”

Queda precisado que los únicos que podrán participar como candidatos son aquellos ciudadanos que tengan una pública, legal y categórica clasificación en una de estas dos condiciones sexuales.

En relación a la parte ética y moral, no podemos dejar de lado la consideración de valores como la honestidad y la capacidad que deben tener los ciudadanos que pretenden legislar y fiscalizar desde la Asamblea Nacional.

Las listas que han presentado las diferentes organizaciones políticas dejan la sensación de incertidumbre en torno a la real capacidad que deben ostentar los potenciales legisladores.

En las listas hay muchos famosos, de eso no cabe duda. Pero, cuáles han sido los factores que los han llevado a la fama, es lo cuestionable, incoherente y digno de ser revisado y analizado por parte del electorado.

Vale la pena tener en cuenta que, la depravación es la “degeneración o entrega a comportamientos viciosos o que se apartan de la moral y las costumbres generalmente admitidas”, según lo dice el diccionario.

Siendo que la moralidad es la cualidad de las acciones humanas que se ajustan a ciertas normas de conducta socialmente aceptadas; y, que la legalidad es la cualidad de lo que está conforme a la ley, podemos deducir que no todo lo que es moral, está considerado en las leyes; y, que no todas las leyes son morales.

Pero, en la conciencia de cada ciudadano sí debe primar, más allá de la legalidad, la moralidad para elegir correctamente, sin caer como presa fácil, en la seducción de la depravación política.

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